Raya en Pilsen: los años de lumpen
Franky
Published: October 10, 2012
Los hijos de la mala vida
©José Guzmán
Durante dos décadas Marcos Raya transitaría por las arterias de Pilsen: recorrió cantinas, caminó sus calles y literalmente habitó sus callejones. En la década de 1970, el tiempo convencional circulaba por la calle Dieciocho, pero el tiempo propio de Marcos Raya se encontraba en compañía de los winos, a quienes consideraba seres libres, pues tenían todo el tiempo para soñar, tomar y perderse.
Cuatro lustros iniciados desde el momento en que Raya desmanteló un reloj que le habían regalado. Cuenta que botó las manecillas y la carátula que desplegaba la dictadura de los números, y encapsuló los engranes, los resortes, la rueda de los minutos, el áncora y los piñones. Suspendió el tiempo de afuera, no sin dejar la puerta abierta y largarse a la calle.
En la calle encontró calor entre los caracoles, esos despojos de la sociedad que se arrastran día a día sin más esperanza que conseguir unas coras para seguir bebiendo. Estos moluscos terrestres, que a sus espaldas o en un carro de supermercado cargan todo lo que poseen, aceptaron a Raya y se volvieron compas. Compartieron los adoquines como cabecera y desde las sombras de los callejones vieron y vivieron tanto el infierno como la gloria que deja la mala vida.
Los hijos de la mala vida
©José Guzmán
Veinte años viviendo los desencuentros familiares, los delirium tremens, las estadías en el hospital, siempre rehabilitándose para luego volver al callejón y encontrar caras nuevas y recordar a compas que habían pasado a mejor o peor vida, inmigrantes que se habían ahogado en el vómito de su propia soledad o que habían sido apuñalados luego de enfrentar una rencilla por las astillas de una pachita.
Veinte años suspendidos en los tiempos del ahorita. Cuatro lustros de exploración e inmersión en el submundo de los desclasados. Días de insomnio, noches de sudor y convulsiones, amaneceres inconclusos, tardes de letargo y de tragos que estremecen.
Fueron dos décadas perdidas donde también se encontró el pintor.
A finales de los ochenta, Marcos Raya despertó del sueño o la pesadilla. Y al dar un primer paso se percató que el downtown de Chicago había llegado a las calles de Pilsen, vecindario que por décadas había estado en la mira de los especuladores inmobiliarios pero que la reputación de “la Dieciocho” los había mantenido alejados.
Raya regresa de sus pesadillas cargado de imágenes; o más bien: de sueños goyezcos.
Autorretrato
©José Guzmán
Después de haberse dado cuenta de la realidad del nuevo Pilsen, desde finales de los ochenta Raya decide rendir homenaje al lumpenproletariado de aquel otro Pilsen que huele a aceite, marihuana, orines y polilla. Pero el lente con que se aproximó no es el del antropólogo social sino el del esteta que busca la intimidad con lo marginal.
Cuenta Raya que, aún siendo muy joven, y antes de “sus décadas perdidas”, intuyó que lo suyo era el arte y la incansable búsqueda de la libertad, en su connotación filosófica. Para lograrlo tuvo que desquebrajarse y romper con todo. Bueno, casi con todo: convenciones sociales, religiosas, familiares e, inclusive, éticas. Claro, hubo que pagar un precio para bajar como Dante al infierno pero en este caso el de las cantinas de mala muerte y los callejones poco alumbrados.
Más hijos de la mala vida
©José Guzmán
Ahora que ha puesto junta su obra dedicada a estos caracoles con los que convivió por años, nos recuerda que Pilsen no siempre fue la falsa armonía que hoy parece respirarse por sus calles. Si antes era un pasaje del filme Touch of Evil, hoy se vuelve un caleidoscopio de contradicciones históricas y culturales. Los hijos de la mala vida que convivieron con Raya ya han pasado a otra vida. Al igual que Raya, optaron por el hard way of life. Se rebelaron voluntaria o involuntariamente contra el establishment al no formar parte de la sociedad de consumo; vivieron la libertad a su manera y quizá murieron en un callejón mientras veían las estrellas. A su manera fueron libres. Decía Chesterton que aquel que no tiene la capacidad para aprender en la calle, mucho menos tendrá capacidad para aprender en la escuela. Los winos de aquel Pilsen, quizá ya casi nadie los recuerde. Lo que nos recuerda la presente exposición de Marcos Raya es que hay otras maneras de vivir y de morir.
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Raya in Pilsen: The Lumpen Yeears 1970-1990
Harbee Liquors and Tavern
1345 W. 18th Street Chicago, Illinois
Marcos Raya en Harbee
©José Guzmán
Keywords:
art in pilsen, marcos raya
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