Notas sobre la última Fiesta del Sol
Franky
Published: August 4, 2012
Y el día apenas comienza
©José Guzmán
Son las once de la mañana, los rayos del sol apenas comienzan a calentar. Gupos de jóvenes como que apenas se despabilan: unos con Red Bulls, otros con Gatorades y unos más con agua. Como que todos buscan sacar la resaca del cansancio que muy posiblemente el día anterior acumularon trabajando o slamming en esta especie de carnaval. Y sí, año con año miles, bueno no: miles de miles de personas inundan la calle Cermak por estas mismas fechas para hacerle al Sol su gran Fiesta.
En este pedacito de la calle Cemark, apenas pasan de las once y los jóvenes de todas las edades se conglomeran en torno a los puestos vistiendo camisetas que hacen las veces de billboards bípedos mercantilizando todo lo que se pueda vender, y además dichos polos resaltan más por su color de “me miras porque me miras" que por el mensaje poco subliminal de la corporación en turno que patrocina este pachangón en Pilsen.
El último puesto que faltaba por poner en su lugar
©José Guzmán
Mientras los últimos puestos quedan listos para abrir los escaparates portátiles, poco a poco van llegando las primeras familias. Fieles al “que madruga Dios lo ayuda”, se adelantan para encabezar las colas de esta marea multifamiliar que en menos de una hora desbordarán este tonel humano a pesar de las inclemencias climáticas. Definitivamente ésta es una fiesta con mucho sol, pues este verano sí se ha dejado sentir hasta por debajo de la epidermis el cambio climático en la Ciudad de los Vientos.
Ante el calor del mediodía, los hommies ya llevan una hora chambeando acaso por un salario mínimo y muchos otros más trabajan como voluntarios; pero los más numerosos también se encuentran aquí sudando la gota gorda, y no por el trabajo sino acompañando a sus padres y hermanos y primos y sobrinos y amigos y más “bros” que hoy domingo vienen a esta fiesta a sacarle provecho a los centenares de “ofertas de servicios” que traen las corporaciones. Son ofertas que prometen el brinco a la modernidad al alcance del bolsillo y un click en el control remoto.
Qué mejor maera de comenzar el día que con un nutritivo tente-enpie
©José Guzmán
Pero los efebos y sus padres también se acercan a satisfacer el melancólico paladar y disfrutar de los sabores que ofrecen las fritangas dignas de esta celebración: tacos y pambazos placeros en esta plaza o mall descapotado en el corazón de Pilsen.
Bueno, las ofertas corporativas y las fritangas es lo que predomina a ojos vistas, pero además, claro está, también se encuentran los clásicos juegos mecánicos cuyo placer visual y visceral desparrama las ilusiones y los gritos guturales de los chiquilines. De esa experiencia pueril quizá sólo quede el registro en el iphone de la madre que seguramente se divierte más que la criatura al tratar de mantenerla enfocada en una foto que en pocos minutos circulará entre los “likes" de comadres virtuales en el feicebuk.
"Dejad que las masas vengan a mí"
©José Guzmán
Si algo no está en duda en esta feria es el fracazo de aquel slogan priísta de la década de 1980 que rezaba: “la familia pequeña vive mejor”. Quizá al no simpatizar con dicho evangelio del tricolor, y al ver amenazada la sentencia bíblica del “creced y multiplicaos”, muchos padres de estos jóvenes decidieron emigrar a los Yunaites y aquí en Chicago le han dado rienda suelta a los designios reproductores del Señor. Y si usted no lo pudo constatar en la pasada Fiesta del Sol, échele un ojo a las estadísticas del censo y comprobará el crecimiento de la comunidad mexicana en los Estados Unidos, que en su mayoría la conforman niños y jóvenes.
"No pain, no gain"
©Pilsen Portal
Ya pasado del mediodía cada puesto es un tope peatonal, y uno debe ir librando culebras humanas que reposan en fila india esperando las bolsitas con promocionales multicolores y utensilios de múltiple uso fabricados en china y que seguramente en menos de una semana terminará encima de la repisa, a un lado de San Juan Domingón o la Virgen de la Perpetua Oferta.
Me cuentan algunos de esos residentes que vieron nacer la Fiesta del Sol, que en aquellos años era un festivalito de barrio donde los vecinos, además de satisfacer el paladar, también podían conocer las luchas sociales que se estaban llevando a cabo en el barrio. Ahora bien, en sus primeros años de operación, los jóvenes artistas del barrio comenzaban a sacar de sus estudios, o lo que fungía como estudio, las obras de caballete que empezaban a crear. Y de esto hay muy poco o casi nada en nuestros días.
Al pasar los años, el block party creció y aunque siempre ha tenido un fin noble de que sea algo popular para que la gente disfrute y socialice en el verano. De esta manera, la Fiesta del Sol se convierte en un espacio público donde convergen varias generaciones. Desde su fundación lo organizó Pilsen Neighbors Community Council, quienes además de organizar la pachanga comunitaria, están invilucrados en varias iniciativas sociales alrededor de la inmigración y educación. Es bien reconocido que en el plano altruista se otorgan becas a estudiantes sobresalientes del barrio. Acto demasiado loable en esta época de crisis global donde cada día la educación de calidad se vuelve menos accesible al joven sin privilegios o indocumentado.
Esperar y esperar...
©Pilsen Portal
Pero al dar casi la una de la tarde, la calle Cermak ya se encuentra atiborrada de negocios, trabajadores, visitantes, policías, guardias de seguridad civiles, edecanes, estrellas de los noticieros televisivos y de locutores regatoneros, paleteros, encuestadores, reclutadores del army y de colegios, registradores de nuevos votantes, taqueros, banqueros, fotógrafos, promotores de salud, evangelizadores, políticos, princesas, chicharroneros, hipsters, maestros, meseros, desempleados, oficiales electos, yuppies, malandrines, periodistas, hipsters, desamparados y miembros de los clubes deportivos del barrio y amas de casa, por nombrar sólo algunos; o sea, un espejo de la nueva sociedad de consumo en escasas cuatro cuadras.
"Una sonrisa vale más que mil chillidos"
©José Guzmán
Así, la Fiesta del Sol en un par de horas se convierte en la conjunción del mall y la feria del rancho por donde circulan las esperanzas de una sociedad que aspira a incrustarse en la modernidad. Ante la democracia mercantil aquí desplayada se alcanza a creer que el consumo es el fin de la modernidad y la democracia. La gran pasarela de las corporaciones opaca con sus grandes reflectores los espacios dedicados a la educación, los deportes, el arte y la salud. No es casual que hubiera colas y más colas de gente esperando su llaverito patrocinado por la firma de abogados que ofrecen mucha ayuda a cambio del pastel que tanto el cliente como la firma se repartirán cuando ganen el caso. ¿Y los puestos de los colegios e instituciones educativas, organizaciones sociales que promueven el registro de nuevos votantes? Casi en el olvido. Como mencionó una representante de uno de tantos colegios: “Aquí estamos hasta rifando becas y ni así se acercan a preguntar. ¿Por qué será, don? Sabrá Dios, pero aquí estamos y vamos a seguir insistiendo…”. En este micro mundo, el consumo aplasta los pocos atisbos humanistas y, en gran medida, eso refleja el estado actual de una cultura cuyo imperativo sea más la creación de consumidores que de ciudadanos libres y pensantes.
María Bucio platicando sobre el proyecto La Casa de The Resurrection Project
©Pilsen Portal
Keywords:
fiesta del sol, Pilsen
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