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Migrantes en Calles y Sueños

El Fisgón

En los rostros de los inmigrantes podemos ver la incisión que deja la separación del terruño y a la vez advertimos cierto vislumbre de esperanza. El que emigra, sale sin saber que jamás regresará al lugar donde creció. Atrás quedan los juegos de canicas, las cascaritas futboleras, los atardeceres en compañía del primer amor, pero también queda el sabor amargo del primer rompimiento. Atrás dejamos los días de pinta, las primeras chelas con los cuates y también las trifulcas de adolescentes. Allá se quedan también los buenos y malos guisados que degustábamos los días de mercado. Todos esos gestos de placer, frustración y dolor quedan atrás.

Al andar el camino un nuevo horizonte nos encandila. En éste no hay nada seguro. Todo es incertidumbre y todo es esperanza. Soñamos con ese sueño que era alcanzar el Sueño Americano. Soñamos con una troca y soñamos con un iphone; soñamos con unos nikes y soñamos con una troquita; soñamos con entender una lengua que nos es ajena y soñamos con rubias bronceadas en luz neón. Sólo soñamos que soñamos y el amanecer nomás no llega. El sueño se nutrió de los filmes de Hollywood y de todos aquellos sueños inconclusos de compitas que regresaban después de una temporada en los yunaites.

Vanesa García

Entre lo que dejamos y lo que nos espera, el inmigrante se encuentra varado. La esperanza tan sólo se asoma y, mirándola de soslayo, se mantiene viva. Detenidos en el limbo andamos sin avanzar. El pasado que dejamos es el combustible que no nos deja regresar con las manos a medias. Entre lo que fuimos y lo que queremos ser, nos quedamos en el “somos donde estamos”. Es un “somos” atrapado, cercenado por la violencia, vejado por otros como tú y como yo. Así nos convertimos en los rostros del inmigrante de ayer y del inmigrante de mañana. Nosotros somos el rostro de los otros, en nosotros están los ojos de otros rostros.

Al caminar por la calle Dieciocho en Pilsen nos encontramos con muchos de esos rostros. Pilsen reconocido históricamente como un puerto de entrada para los inmigrantes es ese mar de gestos y caras de la migración. El rostro del paletero y de la señora que vende champurrados se reconocen en nuestras pupilas y nosotros vemos en ellos el pasado que dejamos sin saber que estamos atrapados en la misma mirada.

Per Anderson

En Pilsen no he visto sonrisa más bella que la de don Chuy, un señor de unos setenta años que vende churros de tienda en tienda, de cuadra en cuadra y de calle en calle. La cara de don Chuy no es un rostro acartonado ni cansado. Es el rostro que —imagino— debería tener la felicidad. Es un rostro que emana dignidad con lo que llegó a ser; o sea con quien es y con lo que hace, con lo que vende. Éste es un rostro en las postrimerías de su vida y en su cara el resentimiento no tiene cabida. El resentimiento que supuestamente hubiera engendrado la pobreza, la verdad que ni siquiera le hizo mella. Don Chuy, quizá sin saberlo, es una lección de ética: aprendió a sonreírle a la vida a pesar de los contratiempos y sus circunstancias por amargas que hayan sido.

¿Y qué pasa con los que se quedan varados en el camino? Hay quienes a pesar de haber llegado a este lado, se atoran entre las redes del acomodo y desde sus banquitos de marfil pregonan un discurso vacío. Hay otros que encandilados por el Sueño Americano terminan viviendo enajenados en un reality show que nomás no termina.

Alma Domínguez

Y los que no alcanzan a llegar no nos queda más que mirar el noticiero o acercarnos a ellos a través de otros ojos, o sea, a través de los trazos de los artistas que donaron obra para la exposición “Migrantes" y que se puede apreciar en Calles y Sueños. Ésta es una exposición hecha de muchos trazos, muchas paletas, muchos rostros y surge inspirada en el trabajo que se ha realizado en el albergue Hermanos en el Camino de Ciudad Ixtepec, Oaxaca. Y como dice el catálogo está de dicado al “Caminante que sale de sí, en la búsqueda de los designios aun no trazados, a su espíritu de vida y lucha”.

Los artistas se acercaron a este nuevo río migratorio que atraviesa México y se detiene temporalmente en un albergue de Oaxaca. En ese pedacito de tierra confluyen todos los sueños cercenados y todas las esperanzas amortajadas. Oaxaca es el ojo del cíclope que por años ha visto fluir este río de migrantes: los ve llegar descalzos y partir en el lomo de la bestia; los ve regresar en sus trocas flamantes, pero también los ve volver en humildes cajas mortuorias.

Vicente Rojo Cama

Andar por la galería Calles y Sueños es andar entre grandes y nuevas firmas que se han acercado con detenimiento a observar al migrante. De aquel lado lo hizo El Fisgón, Cecilia Mancera y Francisco Castro Leñero, entre otros, y de este lado lo hicieron Alma Domínguez, Óscar Moya y José Terrazas, entre otros. El inmigrante es abstracto y en el arte se simboliza y se carga de espiritualidad: es sombra y es ícono, es mirada y es pesar, es silencio y es denuncia, es opacidad y es dolor, mucho dolor…pero también es esperanza.

 

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Francisco Castro Leñero

Migrantes
Calles y Sueños
1900 S. Carpenter
Chicago, Illinois 60608
773.208.0553

Keywords: arte en chicago, arte en pilsen, chicaco art, pilsen art

Posted in Arts, Opinion

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