Pintora de fantasías
Joaquín Velasco Ramírez
Published: October 4, 2011
Ver y hablar de la obra de Diana Solís, nos lleva a un mágico universo de concepciones e interpretaciones del mundo que nos envuelve. Y es que la vida misma de Diana está llena de experiencias visuales enriquecidas por la estancia en diferentes países y culturas. Diana nació en la “Sultana del Norte”, Monterrey, Nuevo León, México. Tenía tan solo un año de nacida cuando llegó a los Estados Unidos. Su juventud, madurez, formación académica y profesional transcurrieron entre Chicago y la Ciudad de México, principalmente.
La fotografía fue su pasión hasta que en 1997, después de concluir sus estudios universitarios en Artes Plásticas, tiene un acercamiento impactante con la pintura y el dibujo. El encuentro con las artes plásticas le da cuenta de la intensa relación que tiene para ella la pintura con la fotografía y realiza una conexión que da inicio a nuevas formas de experimentación visual.
Sus pequeños grandes mundos
Diana ha tenido en aproximadamente 10 años de incansable labor, diferentes formas de ir plasmando su obra hasta asir un estilo propio. Sus trabajos iniciales ponen gran énfasis por la pintura abstracta y minimalista, donde las formas, combinación de colores y texturas fueron delineando a corto plazo su trabajo presente.
En sus pinturas del 2002 al 2008, Diana va incluyendo una serie de figuras zoomorfas, máscaras, figuras humanas, objetos varios, que cubren de manera inminente todo el contorno del soporte de la obra, si no es por la figura, será por el color.
Diana toma una de las características principales de su estilo a partir de la observación de las paredes de
la vía pública donde se pega propaganda que con el tiempo al desprenderse, va jalando junto con el papel y el pegamento, capas de pintura de la pared, así como propaganda anterior, y después de tres capas ha formado un collage dejando a su paso un halo de texturas y colores que le han inspirado en la creación artística que nos comparte hoy día.
El impasto (colocación de una capa gruesa de pintura con una brocha de cerdas y una espátula a fin de crear textura) es la técnica que utiliza Diana Solís frecuentemente, para obtener la base del color en el soporte y/o las figuras de su obra que por lo general, no contienen punto de fuga o perspectivas (más que en raras ocasiones) teniendo así su singularidad lineal.
La corriente abstracta figurativa, ha dado a Diana Solís la vía óptima para mostrar al público su concepción sobre la vida. No faltan en sus obras actuales patos, niños y niñas, luchadores, árboles humanizados, aviones, triciclos, hadas, y el Comino, su adorado e inseparable perro peludo.
En “Esto no es vida”, un trabajo fechado a fines de 2009, Diana hace alusión a la gravedad del problema pandilleril en Chicago, pero en especial al barrio de Pilsen que sufrió la perdida de un joven, hijo de un artista de la comunidad. En este trabajo, Diana con gran maestría desarrolla el tema a partir de un árbol, que en su cimiento muestra una cara
reflejando una tristeza inusitada, en el tronco se puede apreciar como se van desarrollando de una manera velada armas de fuego de largo alcance, hasta llegar a sus ramas deshojadas y que como frutos son pistolas las que han emergido. Dos aves se encuentran paradas sobre las ramas y una de ellas deja caer una lágrima. Con la espátula da toques azules y rojos que acentúan la textura y resaltan el dibujo realizado en tinta negra.
La obra de Diana Solís gira en este sentido, manifestando en cada una de sus ilustraciones y de manera preponderante, su fascinación por el dibujo con propiedades un tanto infantiles, y a diferencia de años anteriores, las actuales pinturas ahora mantienen un fondo blanco uniforme y los dibujos realizados en tinta son coloreados sin exceso, dándole un fresco sentido a su trabajo.
Por último, en estos días esta artista iniciará una gran labor pictórica que tendremos el gusto de presenciar en el transcurso del año, después de una intervención quirúrgica de la que por fortuna se recupera satisfactoriamente. Así que estaremos a la espera de los nuevos mundos mágicos a los que nos trasladará nuestra querida Diana Solís.
Joaquín Velasco Ramírez, antropólogo y musicólogo mexicano, colabora con el Chicago Teacher ´s Center
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